Estarás rodeado de frente por los acantilados y tu espalda por el verdor de los prados. ¿Y el Cantábrico? Se intuye por el rugir al otro lado de la vertical rocosa. ¿Y la playa? Llegar no tiene dificultad, encontrarla no tanto … te toparás con ella al llegar al lugar.

Esta pequeña dolina –que antaño fue una caverna que debido a un hundimiento se trasformó en una depresión en forma circular y dió lugar a la que conocemos como playa de Gulpiyuri- fue declarada Monumento Natural por el Principado de Asturias en el año 2001, además de pertenecer al paisaje protegido de la costa oriental.

Más allá de su tamaño reducido (mide unos 40 metros), su singularidad reside en que está cerrada al mar y gracias a un agujero entre dos rocas permite que el paso de las mareas y del oleaje se cuele en el interior.

El acceso no es nada complicado, tan sólo hay que caminar unos diez minutos desde la cercana playa de San Antolín por una pista llana.

Es una piscina natural, en marea alta su capacidad es casi nula (se queda sin arena en marea alta) , llegando a rozar la hierba cuando la mar está brava. Además, la profundidad y el tamaño de la zona de agua no permite más que  remojarse tumbados , disfrutando de las ondas que llegan del Cantábrico.

Aunque en las inmediaciones hay un pequeño aparcamiento (suele estar muy concurrido, sobre todo en temporada alta), te recomendamos dejar el coche en San Antolín y llegar a ella a pie.