CortinesCOMO LLEGAR

Aprovechando el sol, nos encaminamos al Valle de Caldueño, que está situado en una cañada, que se prolonga de Oeste a Este, y que lo componen ocho pueblos, El Mazucu, Villa, Debodes, Cortines, Las Xareras, Buda y Caldueñín, establecidos, en su mayor parte, en las laderas de las montañas.

Y en el centro de esa parroquia, se encuentra Cortines, el lugar al que quiero que me acompañen, y que quizá deba su nombre a aquellas estructuras arquitectónicas que se alzaban para proteger las colmenas de los ataques de los animales, especialmente de los osos.

Lo primero que llama la atención en Cortines es la Iglesia bajo la advocación de San Juan, que da nombre al valle y cuyas campanas, lo mismo que la de la capilla de El Mazucu, están hechas con cabezas de proyectiles, tal vez como recuerdo o para aprovechar el material sobrante. En la misma se celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en la que no falta el ramu y su remate.

También, debió de ser notable una gran casa, en la actualidad en ruinas, que todavía conserva su escudo, destacando cinco leones rampantes bajo una inscripción.

Según cuenta Saro Rojas, en sus Pequeñas Jornadas, dicha construcción era de las mayores de la zona y fue levantada a mitad del siglo XVIII por D. Domingo Enrique de Puertas, natural de Caldueño, eminente Canonista, Maestreescuela, Provisor de Oviedo algunos años y Rector de la Universidad Literaria. El Sr. Puertas dispensó muchos beneficios a su parroquia, entre otros, destinó un importante donativo para el sostenimiento de la escuela, el cual fue posteriormente aumentado por sus sobrinos, Domingo, Juan y Antonio, ilustres políticos y militares. Asimismo, nació en Caldueño el Doctor Ordoñez, ilustre abogado que vivió en la primera mitad del siglo XIX.

En el año 1885, contaba “El Oriente de Asturias” que Caldueño era una de las parroquias más productivas del Concejo, especialmente en ganadería y maderas de construcción, abundando la castaña y la miel, pero con tan malas comunicaciones que los vecinos de este valle empleaban de 5 a 6 horas en llegar a Llanes. Eran tiempos en los que se clamaba que se abriera un camino de carro por la cuesta de la Tornería.

Seguramente, aquella mala comunicación con la capital del Concejo, dio lugar a que las monjas Agustinas de Llanes escogieran Cortines, trasladándose a la gran casa de D. Domingo, cuando por la invasión francesa fueron obligadas a abandonar su tranquilo convento de la villa.

Tras admirar unos arbustos, que resultaron ser de la familia de las rosáceas y de la especie Kerria japónica, cuajados de pequeñas flores en forma de pompón y de un amarillo brillante, igual al color con que los críos pintan el sol, nos dirigimos a la vecina aldea de Buda.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas


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