Santa Eulalia de Carranzo COMO LLEGAR

Cuando salimos de Tresgrandas en dirección a Santa Eulalia de Carranzo hacía sol y, cada vez que soplaba una vaharada de viento, caían a nuestros pies las últimas hojas de los castaños. Era uno de esos días que tienes tiempo para dar gracias por lo que ves y detenerte en todo lo que con prisas pierde su importancia, un pardón con algo en la boca sobre la rama más alta, el revoloteo de una bandada de bisbitas, a las que parece que han pintado motas con barro, la proximidad de un atrevido y anaranjado raitán.

Despacio, fuimos ganando Santa Eulalia, acercándonos a sus casas de colores, haciendo paradas en su lavadero, abrevadero, donde pudimos ver renacuajos, que siempre nos devuelven a la infancia, una antigua fuente y la que debió de ser una magnifica bolera.
A unos pasos más nos llamó la atención una casa azul con jardín, cerrada por muros y forja, de la que luego una encantadora y dicharachera vecina, María Luisa, que nadie acertaría la edad que tiene, nos contó que fue construida por Diego Escandón Estrada, que había nacido en Santa Eulalia, y también que esa familia sufragó la traída del agua, la construcción de un depósito, dos fuentes y el lavadero.

Allí mismo, consultamos a Google, que nos ilustró que quien erigió en el año 1870 la Casa del Jardín, que de esa manera es conocida, emigró con 16 años de su pueblo natal a México, en compañía de su hermano Antonio, y que en aquellas tierras se dedicaron al negocio del préstamo, que les permitió el capital suficiente para aplicarse al comercio de ganado y carne, siendo dueños de la famosa hacienda “La Goleta”. Añadiendo, que Diego se casó con Carmen Posada, natural de Parres, la cual en su pueblo natal, al parecer para su hija María, construyó la Casona del Carril, edificación de estilo ecléctico en la que sorprende una doble escalinata y una terraza con balaustrada.

Después, siguiendo las indicaciones de María Luisa subimos a la Iglesia, que está bajo la advocación de San Pedro, en cuyo honor se celebra en verano la fiesta, no faltando hoguera, ofrecimiento de los ramos, misa solemne, bailes y verbena.A la bajada, encontramos la segunda fuente de don Diego y a otra vecina que tocada con un gracioso sombrerín se afanaba en trabajar en un acogedor huerto muy bien orientado. No nos resistimos a ponderar las hermosas hojas verdes y carnosas de sus berzas, y entablamos una animada charla.

Entonces, me di cuenta una vez más que a partir de cierta edad se vive de conversar, de contar cosas a quien quiera escucharlas. A Ángeles, que así se llama la hortelana, se le escapan la hospitalidad y la simpatía por los ojos y, entre otras cosas, nos habló con emoción de su marido, y nos dijo que, además de berzas, planta acelgas, patatas, cebollas, ajos y fresas. Recuerdo que pensé: “ son verduras y frutas de verdad”. También, nos refirió que tiene vacas y hace sidra. Antes de despedirnos nos ofreció berzas, acelgas, sidra y hasta quiso invitarnos a comer.

Regresamos hablando de volver a Santa Eulalia, no nos podemos perder la sidra y más conversación con Ángeles.

Maiche Perela Beaumont

Imágenes, Valentín Orejas

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