A la entrada natural al valle de Ardisana, lindando con Posada, Vibaño, los Carriles y Naves, rodeado de bosques y cruzado por el río de las Cabras, que allí recibe el nombre de Bedón, se halla Rales, el flamante pueblo ejemplar de Llanes 2018. A este lugar, que fue descrito por Amable González Abín como “unas casas Xuntinas a la oriella del ríu San Antolín”, no le falta nada y le abundan vecinos entusiastas. Además de estar surcado por el río más caudaloso del Concejo, cuyos puentes, bien de piedra o de materiales más humildes, fueron destruidos por las guerras o por descomunales crecidas, cuenta con otro más, “el Chicu”, que brota de una de sus cuevas. Y de cuevas tampoco está mal servido: Salmoreli, el pozo del Molino o la Juentica, todas con un gran interés espeleólogico, biológico y la curiosidad de que fueron refugio durante la Guerra Civil, según nos contó Rosa, una dicharachera y encantadora vecina con la sonrisa en los ojos que no representa ni por asomo la edad que dice que tiene. Menos aún, escasean las fuentes, destacando la de Pumares, centenaria y en la que tiene lugar la sencilla ceremonia del enrame, ligada a un preciso santo, San Juan, al verano, a las flores y a las ramas de romero y nogal Y de la prehistoria de las cuevas y los ritos ancestrales del agua, nos trasladaremos en un santiamén a la Edad Medía, ya que en el Pico Castillo, cuya silueta está inseparablemente asociada a Rales, que a sus pies nació y creció, se alzó una fortaleza medieval desde donde se podía vigilar todo el valle y una amplia zona costera, y cuyas ruinas están todavía a la espera de una intervención arqueológica seria. Y desde el Castillo Roquero a la Edad Moderna, para encontrar a Rales dependiendo del Monasterio de San Antolín de Bedón, que a su vez era Priorato del Monasterio de San Salvador de Celorio. Y ya en la Edad Contemporánea, desmembrado del Priorato, convertido en la pequeña parroquia de Santa María Magdalena de Rales, cuya iglesia, bajo esa advocación, es Neoclasica, de cruz latina, nave única, con escasos adornos en el interior y un retablo moderno de madera de castaño- el original fue destruido, como tantos otros- que alberga a la titular acompañada de la Virgen del Rosario y San Antonio. Tampoco, se echan de menos en Rales, aparte de las casas de arquitectura tradicional, las de los indianos, fruto de la emigración sobre todo a México, con sus detalles decorativos modernistas, más propios de la arquitectura de ciudad que de la rural. Rales tenía su típico bar de pueblo, actualmente cerrado, como desgraciadamente está ocurriendo en todos los pueblos, perdiéndose los verdaderos centros de reunión social.

Imagen, Valentín Orejas


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